Déficit público
y empresa familiar

Artículo en ABC, 21 de abril de 2017

Leopoldo Cólogan


Punta de El Hidalgo, Noreste de la Isla de Tenerife

El pasado 30 de marzo de 2017, el Ministro de Hacienda y Función Pública, Cristóbal Montoro, declaró que la reducción del déficit público es un instrumento poderoso para mejorar el crecimiento económico y la creación de empleo. Para entender dicha declaración tuve que recordar qué es el déficit público, y no es otra cosa que lo que se produce cuando los gastos de la administración pública superan sus ingresos. O sea, dicha declaración quiere decir que, si la administración gastase menos, o ingresase más, se produciría una mejora en el crecimiento económico.

En consecuencia, para entenderlo aún mejor, recordé qué medidas se han adoptado recientemente para reducir el déficit público. A ese respecto, destaca sobremanera el desapercibido Real Decreto-ley 3/2016, de 2 de diciembre, mediante el cual se incrementa el Impuesto sobre Sociedades, al establecer nuevos límites respecto a lo que se pueden deducir las empresas para calcular el mismo; se acuerda la prórroga del Impuesto sobre el Patrimonio durante el 2017; y se incrementa el Impuesto sobre los Bienes Inmuebles, al aprobar los coeficientes de actualización de los valores catastrales para el 2017.

“El hecho indiscutible es que hay que premiar el esfuerzo”

Entonces, cuando se habla de luchar contra el déficit público el tema no es tan ambiguo, y lo que se está haciendo, para no reducir el gasto público, es pedir un mayor esfuerzo a empresas que han sido capaces de mantenerse en un periodo de grave crisis económica y financiera, y a aquellos que, a pesar de todo, han generado o mantenido un patrimonio, incrementando así los ingresos públicos.

Lo anterior enlaza con algo tan obvio como que el esfuerzo hay que premiarlo y nunca penalizarlo, y no se premia con el establecimiento de impuestos injustos, como podrían ser las dobles imposiciones, es decir, cobrar varios impuestos por lo mismo, o que graven situaciones ficticias que no se correspondan con la realidad económica, y en consecuencia con la capacidad económica real. Esto último nos lo ha recordado el Tribunal Constitucional, Pleno, en sus Sentencias de fecha 16 de febrero de 2017 y 1 de marzo de 2017, cuando establece que el legislador no está autorizado a gravar riquezas ficticias e inexpresivas de capacidad económica, y que no se puede impedir al ciudadano cumplir con su obligación de contribuir, no de cualquier manera, sino exclusivamente de acuerdo con su capacidad económica. Siendo así, hasta qué punto no se establece una ficción o es injusto, el que mediante el citado Real Decreto-ley se establezcan nuevos límites respecto a lo que se pueden deducir las empresas para calcular el Impuesto sobre Sociedades que les corresponde abonar.

El hecho indiscutible de que hay que premiar el esfuerzo y que con ello se favorece el desarrollo y crecimiento económico y social lo tenían claro los Reyes Católicos cuando en la Conquista de nuevos territorios autorizaban el reparto de tierras entre los que hubiesen contribuido a ello; y cuyo símil, podría ser que, en lugar de penalizar, se premie a aquellas empresas que intentan conquistar nuevos mercados en el extranjero o inviertan y gasten en el mercado nacional favoreciendo el dinamismo y desarrollo del mismo, haciéndoles tributar únicamente por lo que realmente ganen, deduciéndose, sin limitación alguna, los gastos necesarios para ello y las pérdidas, que representan el esfuerzo y el riesgo que han asumido; es decir, que paguen impuestos atendiendo a su capacidad económica real. Si todo ello no es posible, a pesar de la máxima de que es mejor ingresar un menor porcentaje de mucho que un mayor porcentaje de poco, al menos, se debe reconocer a las empresas el esfuerzo que realmente hacen y el sacrificio que se les está pidiendo para reducir el déficit público, y en especial, a las empresas familiares que representan el 90% del tejido empresarial y el 70% del empleo en el sector privado.

Public deficit
and the family business

Article in ABC Newspaper, 21 April 2017

Leopoldo Cólogan


Punta de El Hidalgo, in the Northeast of Tenerife

On 30 March 2017, the Minister of Finance and Civil Service, Cristóbal Montoro, declared that the reduction of the public deficit is a powerful tool for improving economic growth and the creation of new jobs. To understand this statement, I had to remind myself what public deficit is; it is nothing other than what is produced when government spending is greater than its revenues. In other words, what this statement means is that, if the government were to spend less or have greater revenues, there would be an improvement in economic growth.

Next, to understand this even better, I recalled which measures have been recently adopted in order to reduce the public deficit. In this regard, the overlooked Royal Decree-Law 3/2016 of 2 December is of special interest, whereby Corporate Tax was increased by establishing new limits in relation to what companies can deduct when calculating tax owed; Wealth Tax was extended throughout 2017 and Property Tax was increased by approving the adjustment coefficients of the cadastral values for 2017.

“The undeniable truth is that you have to reward effort.”

Therefore, the issue of tackling the public deficit is not as ambiguous as it seems, and what the government is doing in order not to reduce public spending is calling for a greater effort from those businesses that have been able to stay afloat in a period of severe economic and financial crisis, and from those that, despite everything, have created or maintained wealth, thereby increasing public revenues.

All this is related to something very obvious, which is that you have to reward effort and must never penalise it; and effort is not rewarded with the creation of unfair taxes, as might be the case with double taxation, or in other words collecting several taxes for the same thing, or taxing notional situations that don’t correspond to actual economic capacity. We have been reminded of this last example by the Plenary of the Constitutional Court in its rulings of 16 February 2017 and 1 March, 2017, when it established that legislators are not authorised to tax notional wealth that is inexpressive of the actual economic capacity, and that citizens cannot be prevented from fulfilling their obligation to pay taxes, and not just in any way, but solely on the basis of their economic capacity. That being the case, to what extent does a notional situation exist or is it unfair that, by means of the aforementioned Royal Decree-Law, new limits are defined with regard to what companies can deduct when calculating the Corporate Tax that they must pay?

The undeniable truth that you have to reward effort and that by doing so you encourage economic and social growth and development was clear to the Catholic Monarchs during the conquest of new territories, when they authorised the distribution of land among those who contributed to the conquest. Similarly, instead of penalising, we should perhaps reward those companies trying to conquer new markets abroad or those who invest and spend in the national market, thereby encouraging progress and development, by making them pay taxes solely according to what they truly earn, deducting, without limitation, the necessary expenses in doing so and the losses, which represent the effort and risk that they have assumed. In other words, they should pay taxes according to their actual economic capacity. If all that is not possible, despite the principle that it is better to receive a small percentage of a great amount than a great percentage of a small amount, at the very least we should recognise the effort that companies genuinely make and the sacrifice that is being asked of them in order to reduce the public deficit, and of family businesses in particular, which represent 90% of the business community and 70% of employment in the private sector.