Subvenciones agrícolas
y el control de las ayudas directas

Artículo en Blog de CajaSiete, 08 de febrero de 2018

Leopoldo Cólogan


Garachico, Norte de la Isla de Tenerife.

¿Por qué existen subvenciones agrícolas? ¿cuál es su origen? Ambas preguntas nos trasladan al año 1962, tras los Tratados de Roma de 1957, que dieron origen a la Unión Europea, cuando, en una Europa occidental condicionada por las carencias de la posguerra, se estableció la política agrícola común, más conocida como la PAC.

El objetivo principal era asegurar que los ciudadanos dispusieran de un suministro estable y suficiente de alimentos a precios asequibles, y para ello era necesario disponer de un sector agrícola viable, con una unidad de mercado de libre circulación de productos agrarios, protegiendo las producciones comunitarias y aplicando un principio de solidaridad financiera, que permitiera financiar las políticas establecidas.

“El comercio agrícola ha demostrado tener una mayor capacidad de adaptación a los vaivenes económicos que el comercio de otros bienes.”

Inicialmente, funcionaba con subvenciones y sistemas que garantizaban buenos precios para los agricultores, sin elevar el precio final para los consumidores, incentivando el aumento de la producción.

Una vez que se consiguió el objetivo de ser autosuficiente, tanto desde el punto de vista agrícola como del ganadero, surgió el problema de la sobreproducción, que motivó la exportación, que afectó a otros mercados, la donación, el almacenamiento y, en el peor de los casos, la destrucción. Ello supuso el establecimiento de límites en la producción, en el contexto de una sociedad de consumo que había evolucionado y era más exigente en cuanto al desarrollo sostenible, al medio ambiente y a los derechos humanos.

Dicha situación provocó que los agricultores tuvieran que adaptarse a las nuevas exigencias del mercado y que recibiesen ayudas directas a las rentas. Esto, a su vez, llevó a que se abonase la ayuda independientemente de lo que el agricultor produjera, lo que se denominó “régimen de pago único”; así como que, se condicionase su pago al cumplimiento de diferentes normas medioambientales, de inocuidad de los alimentos, de sanidad vegetal, de bienestar de los animales, de prácticas agrícolas y de gestión, favoreciendo la conservación del medio ambiente.

Todo ello, supuso que la Unión Europea se convirtiese en el primer importador y segundo exportador de productos agrícolas en el mundo. ¿Y ahora? ¿cuáles son las perspectivas agrícolas? La respuesta a esta pregunta nos la da el informe anual que elabora la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE); ante la que desempeñó, entre los años 2011 y 2015, la embajada de España una persona especialmente vinculada con Canarias y muy conocedor de su realidad, Ricardo Díez-Hortleitner Rodríguez, actual embajador de España en Marruecos; y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que se publicó el 13 de noviembre de 2017, sobre “Perspectivas Agrícolas 2017-2026”.

Dicho informe nos dice que, en general, el comercio agrícola ha demostrado tener una mayor capacidad de adaptación a los vaivenes económicos que el comercio de otros bienes. También nos indica que, en los últimos diez años ha disminuido la tierra agrícola (que incluye tierras de cultivo y pastos) en sesenta y dos millones de hectáreas, tendencia que se espera continúe, así como que, las tierras agrícolas más grandes corresponden a China, Estados Unidos y Australia, y que China, India y África subsahariana son las que impulsan el crecimiento mundial.

Evidentemente, estos análisis globales sirven para hacernos una composición de lugar a nivel mundial y definir determinadas estrategias, pero no responden siempre a realidades más locales, porque cada territorio está condicionado por sus circunstancias geográficas, climáticas y políticas, así como por sus necesidades. Tanto es así, que, como señala el mismo informe, los patrones de crecimiento mundial cambian a medida que disminuye el crecimiento de la demanda en China, que se caracteriza por un fuerte aumento en el consumo de proteína animal (pescado, carne de cerdo) y la demanda asociada de forraje, mientras que, en otras áreas, donde se espera un crecimiento de la población y de los ingresos, las preferencias serán diferentes a las de China.

Además, de dicho informe, me gustaría destacar la mención que hace a los efectos de las políticas públicas sobre el comercio agroalimentario de aranceles, cuotas y subsidios a la exportación, y el apoyo interno distorsionador en todos los países del mundo, y que esas políticas de apoyo interno pueden fomentar la producción nacional, pero no la mundial y, de hecho, podrían reducirla.

Esto último, pone de manifiesto que existe el apoyo interno a la agricultura en todos los países del mundo, entre los que obviamente se encuentra Estados Unidos, y que si no existiera, sería bueno para el mundo en general, pero quizás no sería bueno para un país o región en concreto, por lo que, a mi entender, se evidencia la necesidad de buscar, como siempre, los equilibrios, para favorecer el desarrollo global, aumentando la calidad de vida de las regiones más desfavorecidas, y no dejar en manos de unos pocos países la producción mundial –como si de petróleo se tratara-, sin pedir a ninguna región concreta que renuncie a su sector agrícola y a sus planes estratégicos.

Dichos planes estratégicos son necesarios para ser capaces de autoabastecerse en situaciones de crisis económica, catástrofes naturales, de incomunicación o de guerra, dado que se tarda mucho tiempo en hacer productivo un territorio, y ante la falta de alimento, el ser humano puede ser capaz de lo mejor y de lo peor, y por desgracia, una perspectiva histórica nos hace ver que las economías, las políticas y los países, no son siempre constantes y estables, llegando a generarse, a veces, problemas sobre cuestiones del todo innecesarias, pero que acaban afectando a las estabilidades económicas y políticas de los mismos, y por tanto a sus ciudadanos.

Llegados a este punto, ¿qué pasa con Canarias, y en concreto con el plátano? Pues que cuenta, como región ultraperiférica de la Unión Europea, con una ayuda anual considerada como pago directo destinada a los productores, limitada a una producción máxima de 420.000 toneladas.

Para ello, el productor debe cumplir con los requisitos de la figura de agricultor activo, según el Real Decreto 1075/2014, de 19 de diciembre, que hace una definición en negativo, es decir, establece a qué personas físicas o jurídicas, o grupo de ellas, no se concederá la ayuda, por lo que, en consecuencia, al resto de productores sí.

Así las cosas, aquellos titulares de las explotaciones que se dediquen a actividades que, en un principio, suponen su exclusión de la ayuda, como, por ejemplo, son el transporte aéreo, los servicios ferroviarios, la captación, depuración y distribución de agua, los servicios inmobiliarios, las instalaciones deportivas y recreativas permanentes, para poder percibirlas deberán acreditar: Que la ayuda anual supone, al menos, el 5% de los ingresos que obtienen del resto de actividades no agrarias; o que su actividad agraria no es insignificante (el 20% o más de los ingresos agrarios totales, sin las ayudas), o en su defecto, la realidad de la misma y que asumen el riesgo empresarial de dicha actividad; o que en sus estatutos figure la actividad agraria como principal objeto social, o dado de alta en el Sistema Especial para Trabajadores Agrarios de la Seguridad Social, según sean personas jurídicas o físicas, y antes de la fecha de finalización del plazo de solicitud.

A este respecto, conviene recordar la Sentencia 2191/2016, del Tribunal Supremo, Sala Tercera, de lo Contencioso-administrativo, Sección 4ª, de 11 octubre de 2016, que, en contra de lo que se había establecido en el Real Decreto 1075/2014, dispuso que, a los efectos previstos en la anterior redacción del artículo 8.3, deberían tomarse en consideración todos los ingresos económicos, y no solo los agrarios, para determinar si la actividad agraria no es insignificante, lo que motivó la vigente redacción del artículo 8, mediante el Real Decreto 745/2016, de 30 de diciembre.

La actualidad de este tema viene motivada por los controles que en estos momentos se están llevando a cabo respecto al cumplimiento de los citados requisitos.

Agricultural subsidies and management of direct subsidies

Article in CajaSiete Blog, 08 february 2018

Leopoldo Cólogan


Garachico, North of Tenerife Island.

Why do agricultural subsidies exist? Where do they come from? Both questions take us back to the year 1962 – after the Treaty of Rome in 1957, which gave birth to the European Union – when the Common Agricultural Policy, better known as CAP, was established in a Western Europe conditioned by the shortcomings of the post-war era.

Its main objective was to ensure that citizens had a stable and sufficient food supply at an affordable price. In order to achieve this it was necessary to have a viable agricultural sector with market unity granting free circulation of agricultural products, protecting European Community produce and applying a principle of financial solidarity that would provide funding for established policies.

“In general, agricultural trade has demonstrated that it is better able to adapt to economic fluctuations than the trade of other goods.”

At first, it worked with subsidies and schemes that guaranteed good prices for farmers without raising the final price for consumers, which provided an incentive for the increase in production.

Once the objective of being self-sufficient had been achieved from both an agricultural standpoint and that of the farmer, the issue of over-production arose, which was the reason for exportation, which in turn affected other markets, donation, storage and, in the worst case, destruction. This led to the establishment of production limits in the context of a consumer society that had evolved and was more demanding in terms of sustainable development, the environment and human rights.

Such a situation meant that farmers had to adapt to the new market requirements and received direct income support. This in turn resulted in aid regardless of what the farmer produced being abandoned, which was termed the “single payment scheme”. Farmer pay was conditional upon compliance with various standards pertaining to the environment, food safety, plant health, animal welfare, agricultural practice and management, which make it possible to conserve the environment.

All this meant that the European Union became the main importer and second largest exporter of agricultural products in the world. What is the current agricultural outlook? The answer to this question is given by the annual report drawn up by the Organisation for Economic Co-operation and Development (OECD) – as its representative, Ricardo Díez-Hortleitner Rodríguez, current ambassador of Spain in Morocco, a person with special links to the Canary Islands and in-depth knowledge of its reality, held the role of ambassador of Spain between 2011 and 2015 – and the Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO), which was published on November 13, 2017, on “Agricultural Prospects 2017-2026”.

This report highlights the fact that, in general, agricultural trade has demonstrated that it is better able to adapt to economic fluctuations than the trade of other goods. It also indicates that over the last ten years agricultural land (including crop land and grazing land) has decreased to 62 million hectares and this trend is expected to continue. Countries with the largest amount of agricultural land are China, the United States and Australia, and China, India and sub-Saharan Africa are the ones driving global growth.

It is clear that these global analyses help to give us idea of the global situation and to define particular strategies, however, they do not always match local realities because each region is shaped by its geographical, climatic and political circumstances as well as its necessities. So much so that, as indicated in the same report, global growth patterns are changing as growth of demand in China slows, which is characterised by a sharp increase in the consumption of animal protein (fish, pork, etc.) and the demand associated with feed, while in other areas expecting population and income growth, preferences will be different to those of China.

In addition, I would like to emphasise the mention made in the report of the effects of public policy on food trade ranging from tariffs, quotas and subsidies to the export and distorting domestic support in all countries of the world; these domestic support policies may promote national production but not global production, which it may actually reduce.

The latter shows that there is domestic support for agriculture in all countries of the world, which obviously includes the United States and if it didn’t exist it would be a good thing for the world in general, but perhaps not for a specific region or country. Consequently, as I understand it, this points to the need to strike a balance to facilitate global development, increasing the quality of life in the most disadvantaged regions, and to not put global production in the hands of the few (as has happened with petrol), without asking any single region to give up its agricultural sector and its strategic plans.

These strategic plans are necessary for a country to be self-sufficient in situations of economic crisis, natural disasters, isolation or war, given that it takes a long time for a country to become productive and the fact that food scarcity brings out the best and worst in humanity and, unfortunately, from a historical perspective it is clear that economies, policies and countries are not always consistent and stable, they sometimes create problems regarding unnecessary issues, which ultimately affect their own economic and political stability, or that of their citizens.

On this point, what will happen to the Canaries and, more specifically, to banana production? It is considered one of the outermost regions of the European Union with annual aid regarded as direct payment intended for producers, capped at a maximum production of 420,000 tonnes.

To receive this, the producer is expected to comply with the legal requirements of active farmers according to Royal Decree 1075/2014 of 19 December which outlines a definition in the negative; in other words, it stipulates to which natural or legal persons, or which groups of such, aid shall not be granted, meaning that aid is granted to remaining producers.

That being the case, the owners of holdings that undertake activities that initially exclude them from aid, such as air transport, rail services, the collection, purification and distribution of water, property services, permanent sporting and recreational facilities, must demonstrate the following in order to receive it: That the annual aid represents at least 5% of revenue that the remaining non-agricultural activities yield, or that their agricultural activity is not insignificant (20% or more of total agricultural revenue without subsidies) or, in the absence of such, the scope of such and that they assume the entrepreneurial risk of such activity, or that agricultural activity appears as the main corporate purpose in its statutes, or account for its registration in the Special Social Security System for Farm Workers, depending on whether they are legal or natural persons, before the end date of the application period.

In this regard, it is worth bearing in mind Decree 2191/2016 of the Third Chamber of the Supreme Court in Administrative Matters, Section 4 of 11 October 2016, which, contrary to that stipulated in Royal Decree 1075/2014, states that, for the purposes provided in the previous wording of Article 8.3, all economic income, not just agricultural income, should be considered in the determination of whether the agricultural activity is insignificant or not, which brought about the current wording of Article 8 by Royal Decree 745/2016 of 30 December.

This issue is made relevant by the checks currently being carried out with regard to compliance with the aforementioned requirements.