El tiempo es oro para las empresas

Artículo en Blog de CajaSiete, 09 octubre de 2017.

Leopoldo Cólogan


Roque Bermejo, Este de la Isla de Tenerife.

Siempre se ha dicho, y yo lo suscribo, que más vale un mal acuerdo que un buen juicio. El motivo principal de dicha afirmación es el tiempo y el ejercicio de renuncia que exige a las partes un acuerdo. El tiempo que se pierde dedicándolo a la atención que requiere un pleito bien llevado, en lugar de atender a las necesidades del negocio.

En un sistema como el nuestro, en el que, a pesar de los esfuerzos, todavía lleva mucho tiempo el que se materialice de manera eficiente el ejercicio de un derecho, hasta el punto que, en muchos casos, compensa pagar a aquel que no tiene ningún derecho para ganar tiempo y que no se retrase la materialización del mismo.

Pero, ¿qué pasa cuando la otra parte es la administración? Pues que no se puede aplicar la misma máxima. En ese caso, en la práctica, es muy difícil llegar a acuerdos, atendiendo a las formalidades que ello requiere, y que en los tiempos actuales nadie asume dicha responsabilidad, más allá de la sensibilidad e interpretación de los funcionarios a la hora de determinar los valores en sus actuaciones.

De hecho, en algunos casos, la máxima pasa a ser “mejor esperar que un pleito contra la administración”. Esto sucede, por ejemplo, cuando se interpone un recurso de alzada contra un acto administrativo, cuyo recurso se regula en el artículo 112 y siguientes de la Ley 39/2015, de 1 de octubre, del procedimiento administrativo común, y la administración, como ocurre en algunos casos, no ha resuelto el mismo de manera expresa dentro del plazo de tres meses legalmente previsto, ni tampoco la solicitud de suspensión del acto administrativo en el plazo de un mes.

¿En qué situación se queda la empresa? Ante la decisión de acudir o no a los juzgados y tribunales de la jurisdicción contencioso administrativa, dado que se puede entender desestimado por silencio administrativo el recurso interpuesto. Ahora bien, y cuidado, ¿qué ha ocurrido con la solicitud de suspensión? Pues que se ha estimado porque ha operado el silencio positivo, que equivale a un acto expreso de la administración contra el que no puede ir y le vincula.

“Las nuevas generaciones parecen apostar por el desarrollo del sector privado, y este cada vez tiene mayor reconocimiento social como generador de riqueza.”

Siendo esto así, y si el acto administrativo recurrido es perjudicial para la empresa porque supone un desembolso económico, ¿por qué precipitar el acudir a un pleito con la administración si dicho acto está suspendido? Basta con esperar a que la administración cumpla con su obligación de resolver expresamente el recurso para que termine la vía administrativa, y el acudir a los tribunales supone que se tenga que reiterar la petición de suspensión, y probablemente se exija la aportación de garantías que, en la práctica, representa tanto como pagar, con el consiguiente quebranto económico y financiero para la empresa.

Este tema es muy actual hoy, año 2017, por cuanto se percibe un ánimo recaudatorio que, en algunos casos, es más que discutible y, como mínimo, debe exigirse que se resuelvan expresamente los recursos que se interpongan dentro de los plazos previstos y con motivaciones que den respuestas a las cuestiones planteadas en cada caso, sin necesidad de pasar el calvario del tiempo y costes que lleva la tramitación de un pleito.

De hecho, la Ley 39/2015 incide en la responsabilidad de los funcionarios en la llevanza de los procedimientos administrativos, en una sociedad como la nuestra, donde hasta hace poco, el noventa por ciento de los estudiantes de derecho querían ser funcionarios, por aquello de la seguridad de un trabajo de por vida. Esto está cambiando, quizás por las circunstancias, pero las nuevas generaciones parecen apostar por el desarrollo del sector privado, y este cada vez tiene mayor reconocimiento social como generador de riqueza.

Todo evoluciona, y en una época como la que estamos viviendo, en la que parece que necesitemos todos renovar nuestros votos y poner en valor nuestras diferentes perspectivas y experiencias como elemento de unión que nos enriquece y no de separación que nos enfrente, merece la pena recordar el papel que jugaron las ciudades del siglo XVIII en el desarrollo social y económico frente al pseudofeudalismo de las zonas rurales, siendo realidades y perspectivas diferentes en una misma época, así como destacar el reciente reconocimiento internacional que ha recibido el investigador de la Universidad de La Laguna, Jacob Lorenzo-Morales, al incorporarlo EEUU en un comité de expertos internacionales en amebas de vida libre, ante una posible alerta por encefalitis tras el paso del Irma, y que a finales del año pasado una alumna de la Universidad de La Laguna y con preparadores comprometidos con la formación, Nicole Alejandra Centanaro, obtuvo la puntuación más alta de España en las oposiciones a las carreras judicial y fiscal.

Time is money for companies

Article in CajaSiete Blog, 09 october 2017.

Leopoldo Cólogan


Roque Bermejo, East of Tenerife Island

It has always been said, and I subscribe to this, that it is better to have a bad deal than a good lawsuit. The rationale behind this statement lies in the time and sacrifice that a deal demands from its parties. A lawsuit requires a lot of time and attention that could otherwise be invested in attending to the needs of the business.

In a system like ours in which, despite all efforts, it still takes such a long time for the exercise of a right to take shape that, in many cases, it is worth paying someone who does not have the right to buy time so that materialization of this right is not delayed.

But what happens when the other party is the government? In that case, the same principle cannot be applied. In this case, in practice it is very difficult to reach agreements appropriate to the formalities that it requires and, in current times, no one assumes such responsibility beyond the awareness and interpretation of officials at the time of determining the value in their actions.

In some cases, the principle becomes: it is better to wait then have a lawsuit against the government. For example, this occurs when an appeal is filed against an administrative act and such appeal is governed by Article 112 and those following of Act 39/2015 of 1 October regarding the Common Administrative Procedure, and the government, as occurs in some cases, has not expressly resolved this within the period of three months legally provided for or the request for suspension of the administrative act within one month.

What situation is the company in? It is faced with the decision of whether to go to the courts and tribunals of the contentious-administrative jurisdiction or not, given that the action brought can be deemed dismissed due to silence on the part of the government. However, what happened to the request for suspension? It has been considered why it has opted for positive silence, which is equivalent to an explicit administrative measure which it cannot counter and to which it is bound.

“The new generations seem to be in favour of development of the private sector. This is receiving increasing social recognition as a generator of wealth.”

This being the case, and if the contested governmental act is detrimental to the company because it implies expenditure, why hastily resort to a lawsuit against the government if such act has been suspended? It is sufficient to wait for the government to comply with its obligation of explicitly ruling on the appeal so that the administrative process can be concluded, and going to the courts demands that the request for suspension is repeated, and this will probably require the provision of guarantees that, in practice, has the same effect as a payment, with the resulting economic and financial loss for the company.

This topic is particularly relevant today, in 2017, since there seems to be an exploitative tendency that, in some cases, is more than questionable and at the very least it must be required that appeals lodged are expressly resolved within the prescribed period and with reasons that provide answers to the questions raised in each case, without the need to go through the ordeal of time and costs that a lawsuit entails.

As a matter of fact, Act 39/2015 underscores the responsibility of officials in the conduct of administrative proceedings in a society like ours, in which until recently ninety percent of law students wanted to be officials in order to have the security of a job for life. This is changing, perhaps because of circumstances, and the new generations seem to be in favour of development of the private sector. This is receiving increasing social recognition as a generator of wealth.

Everything evolves and in an era like ours, where it seems as though we all need to renew our vows and value our different perspectives and experiences as a connecting element that enriches us and not as a separating element that confronts us. It is worth recalling the role that cities played in the 18th century in social and economic development in the face of pseudo-feudalism of rural areas, which represented different realities and perspectives in the same era. It is also worth highlighting the recent international recognition that the scholar from the University of La Laguna, Jacob Lorenzo-Morales, received as the US incorporated him into a committee of international experts in free living amoebas in the event of a potential alert for encephalitis following the passage of Irma, and that at the end of last year Nicole Alejandra Centanaro, a student at the University of La Laguna who had coaches dedicated to her training, achieved the highest score in Spain in the competitive exams for judicial and fiscal careers.